Tiro de Esquina: El IMSS no tiene camas

Por: Octavio Fabela Ballinas

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, A 05 DE MARZO DE 2026.- Hace unos días conversaba con dos personas cercanas que, por separado, vivieron casi la misma escena en el IMSS. Ellas no se conocen entre sí, pero ambas terminaron pasando la noche sentadas en una silla, esperando noticias sobre una atención médica que nunca llegó.

En el primer caso, un familiar ingresó al Hospital 20 con la esperanza de recibir atención. La respuesta fue seca: no hay espacio. Se trataba de un paciente adulto mayor que necesitaba atención en el área de urgencias.

Esa frase, que parece haberse vuelto rutina, acompañó a la familia durante horas en el pasillo, viendo cómo la noche se convertía en madrugada y volvía a salir el sol. El paciente seguía ahí, esperando una camilla que nunca apareció. Dormir sentado se volvió la única opción.

El segundo caso ocurrió en la Clínica 1. Otra persona conocida llegó con la idea de que le realizarían una cirugía para rescatar la movilidad de su mano fracturada en un accidente. Lo sacaron del quirófano porque “no tenían materiales”.

Ahí tampoco había camas disponibles. Ni espacio. El enfermo pasó dos días sentado, con un suero improvisado y la promesa de que “a ver si mañana”.

Entiendo que los hospitales no son hoteles. Pero tampoco deberían parecer terminales de autobuses donde la gente pasa la noche esperando turno. La pregunta inevitable es simple: ¿por qué ocurre esto en un sistema que nosotros mismos financiamos?

Porque no hay que olvidarlo: el IMSS no es gratuito. Cada mes trabajadores y patrones aportan cuotas para sostenerlo. Es, literalmente, un seguro financiado por quienes lo utilizan.

Sin embargo, la realidad es que en Baja California la infraestructura médica lleva años quedándose corta frente al crecimiento de la población. Más del 65% de los habitantes del estado están afiliados al IMSS, lo que significa millones de derechohabientes que dependen de esa red hospitalaria.

El problema es que los hospitales no crecieron al mismo ritmo que la población. Datos reconocidos por autoridades del propio instituto señalan que en la entidad existe un déficit cercano a mil camas hospitalarias, mientras que algunas unidades han llegado a operar hasta al 300% de su capacidad, especialmente en Tijuana.

Cuando uno escucha esos números, las historias de pacientes durmiendo en sillas dejan de sonar como anécdotas aisladas. Se vuelven parte de un sistema saturado. Con esos niveles de saturación, la frase “no hay espacio” deja de ser excusa y se convierte en diagnóstico. Pero aun así queda una sensación incómoda: la de estar atrapados en un sistema que se sostiene con nuestras cuotas, pero que muchas veces no puede responder cuando más se necesita.

Porque nadie debería pasar la noche sentado esperando atención. Y mucho menos en un hospital que, en teoría, ya pagó.