Tiro de esquina. Desintoxicar no basta

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA

Cada vez que se habla del problema de las adicciones en Baja California aparece la misma receta: internar al consumidor en un centro de rehabilitación, aislarlo del entorno y esperar que la abstinencia haga el resto.

Sin embargo, la realidad muestra que esa estrategia, por sí sola, tiene resultados limitados.

México registra millones de personas con consumo problemático de alcohol y drogas.

El desafío no es solamente retirar la sustancia del organismo, sino atender las razones que llevaron a buscar refugio en ella.

Ahí es donde muchos programas se quedan cortos.

La mayoría de los centros de rehabilitación, incluyendo modelos basados en disciplina estricta o internamientos temporales, logran una desintoxicación inicial.

El paciente pasa días o semanas sin consumir y recupera cierta estabilidad física. El problema aparece cuando regresa a su vida cotidiana.

Las recaídas son frecuentes porque la adicción rara vez comienza en una jeringa, una botella o una pipa.

Detrás suele haber depresión, ansiedad, traumas, violencia familiar, abandono, estrés crónico o trastornos de salud mental que permanecen intactos después del encierro.

Especialistas en salud mental coinciden en que las adicciones son enfermedades complejas. La sustancia termina siendo una forma de anestesiar emociones dolorosas.

Si la persona deja de consumir, pero sigue cargando el mismo sufrimiento emocional, el riesgo de recaída permanece prácticamente intacto.

Programas como la Patrulla Espiritual han logrado retirar de las calles a cientos de personas en situación vulnerable.

El esfuerzo tiene mérito porque ofrece atención inmediata y evita riesgos mayores.

Sin embargo, los propios resultados muestran que muchos usuarios vuelven a consumir poco tiempo después.

La explicación es sencilla. La abstinencia es apenas una etapa del tratamiento. Nadie esperaría curar una fractura colocando un yeso durante unos días y después retirándolo.

Con las adicciones ocurre algo similar: la recuperación requiere seguimiento constante.

La evidencia internacional apunta a modelos integrales donde participan psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y redes de apoyo familiar.

El tratamiento puede durar meses o incluso años, dependiendo de cada caso.

También es necesario abandonar la idea de que el consumo problemático es un asunto de voluntad.

Si fuera únicamente cuestión de decidir dejar las drogas, las recaídas serían excepcionales. La experiencia demuestra exactamente lo contrario.

Baja California enfrenta además una presión adicional por su condición fronteriza.

El flujo de drogas, la migración, la violencia y las dificultades económicas generan factores de riesgo que ningún centro de rehabilitación puede resolver por sí solo.

El reto para las autoridades no es abrir más espacios de internamiento, sino construir una política pública enfocada en salud mental.

Se necesitan diagnósticos tempranos, atención psicológica accesible y acompañamiento prolongado después de la rehabilitación.

Porque el verdadero problema no siempre está en la sustancia que se consume. Muchas veces está en la herida emocional que la persona intenta silenciar.

Mientras esa herida siga abierta, la recaída dejará de ser una posibilidad y seguirá siendo una constante.