Tiro de Esquina: Don Rubén y Doña Maru

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA

En la política mexicana, las casualidades casi siempre traen jiribilla. Lo que estamos viendo ahora parece más un cruce de intereses que una simple coincidencia de agenda. Porque cuando se juntan acusaciones, comparecencias y procesos internos, el ruido no es gratuito.

La acusación formal contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, en una corte de Nueva York, no es cualquier cosa. No solo por el peso legal del señalamiento, sino por el eco político que inevitablemente genera dentro y fuera del país.

El tema estalla justo cuando el Senado de la República tenía en la mira llamar a cuentas a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. El señalamiento: un presunto uso de agentes de la CIA en territorio mexicano, algo que, de entrada, suena a asunto delicado de soberanía.

Si se observa con más detalle, el contexto se vuelve aún más interesante. Mientras estos temas suben de tono, en Morena ya se preparan para su proceso interno de selección de candidatos. Y ahí es donde todo empieza a cobrar sentido.

En política, los tiempos lo son todo. No es lo mismo una acusación en temporada baja que en pleno reacomodo de fuerzas. Aquí, cada señalamiento pesa, cada nota impacta y cada declaración puede inclinar la balanza.

Lo de Rocha Moya, por ejemplo, no solo repercute en Sinaloa. Sacude al partido que lo respalda, mete presión a sus aliados y abre espacio para que la oposición suba el volumen. Es munición política en un momento clave.

Del otro lado, el caso de Maru Campos también juega su propia partida. Poner sobre la mesa la posible intervención de una agencia extranjera no es menor. Pero también sirve para encender reflectores y tensar la cuerda entre bloques políticos.

El punto es que ambos casos, aunque distintos, terminan cruzándose en el mismo escenario: un país en plena efervescencia política. Donde nadie quiere llegar débil a la siguiente etapa y todos buscan posicionarse mejor.

El riesgo, como siempre, es que la discusión se quede en el golpeteo. Que las acusaciones se utilicen más como herramienta política que como un camino real hacia la rendición de cuentas. Y eso, al final, desgasta.

Porque la gente no solo quiere escándalos, quiere resultados. Quiere saber si hay culpables, si habrá consecuencias y si las instituciones realmente están funcionando o solo forman parte del juego.

Hoy, lo que vemos es un tablero en movimiento. Con piezas que se acomodan, se empujan y, a veces, se sacrifican. Y en ese tablero, el calendario político pesa tanto como los propios hechos.

Así que no, no parece coincidencia. Más bien suena a estrategia. Y en ese juego, el tiempo, como siempre, vale más que cualquier discurso.