Tiro de esquina. El agua que damos por segura

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA

La falla en el sistema booster de la presa El Carrizo dejó algo más que colonias sin servicio.

También exhibió la fragilidad de una ciudad que depende de una infraestructura crítica para llevar agua a hogares, comercios e industrias de una de las zonas metropolitanas más grandes del país.

Tijuana y su área urbana concentran cerca de 3 millones de habitantes.

La mayor parte del agua que consumen llega desde el río Colorado a través de una compleja red de acueductos, estaciones de bombeo y tanques de almacenamiento que operan prácticamente sin descanso durante todo el año.

Cuando una pieza falla, el impacto se multiplica. Lo ocurrido en días recientes provocó cortes, baja presión y tandeos en decenas de colonias.

Aunque los trabajos de reparación avanzaron, muchas familias siguieron enfrentando dificultades, agravadas por temperaturas que elevan el consumo doméstico.

La experiencia demuestra que el problema no siempre está en la disponibilidad del recurso.

Baja California recibe cada año volúmenes definidos del río Colorado, pero el reto consiste en transportarlos, almacenarlos y distribuirlos.

Sin infraestructura funcional, el agua simplemente no llega al destino final.

La dependencia de una sola fuente principal también representa un riesgo.

Una avería mecánica, una interrupción eléctrica o un problema mayor en el acueducto puede afectar a cientos de miles de personas en cuestión de horas.

La seguridad hídrica no depende únicamente de abrir una llave.

Por supuesto, corresponde a las autoridades mantener equipos, renovar instalaciones y planear inversiones.

Sin embargo, la ciudadanía también tiene una responsabilidad que suele olvidarse cuando el servicio funciona con normalidad.

En una ciudad donde buena parte del agua recorre cientos de kilómetros antes de llegar a una vivienda, desperdiciarla resulta un lujo que ya no puede permitirse.

Lavar banquetas con manguera, reparar fugas semanas después o mantener consumos excesivos tiene consecuencias colectivas.

También vale la pena recordar que el pago oportuno de los recibos forma parte de la ecuación.

Los organismos operadores requieren recursos para sustituir bombas, reparar tuberías, modernizar sistemas y responder a emergencias como la ocurrida en El Carrizo.

El cambio climático añade presión. Las olas de calor son más frecuentes y prolongadas, lo que incrementa la demanda en los hogares.

Cada verano la red trabaja al límite para atender una población que sigue creciendo y que requiere más agua para sostener su actividad cotidiana.

La lección es clara. La falla del booster no debe verse solo como una avería técnica.

Es un recordatorio de que el suministro de agua depende de una cadena vulnerable donde cualquier eslabón puede romperse.

Cuidar la infraestructura es indispensable, pero cuidar el agua también. Porque cuando falta, todos descubren que no existe servicio más esencial para Tijuana.