Tiro de Esquina: GAP es omiso en el aeropuerto
Por: Octavio Fabela Ballinas
TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, A 22 DE ENERO DE 2026.- Cada invierno ocurre lo mismo con la neblina baja en el Aeropuerto Internacional de Tijuana, los vuelos se retrasan o se cancelan y miles de pasajeros pagan el costo de una situación que no es nueva ni impredecible.
La terminal aérea de Tijuana opera más de 200 vuelos diarios, entre salidas y llegadas nacionales e internacionales. Cada cierre por condiciones climatológicas impacta cadenas completas de conexión, logística y planes personales.
Aun así, el argumento se repite: la neblina impide operar con normalidad. Lo que no se repite es la inversión necesaria para evitarlo, particularmente en un sistema de aterrizaje por instrumentos, conocido como ILS.
El ILS permite a las aeronaves despegar y aterrizar con visibilidad reducida, guiadas por señales electrónicas de alta precisión. No es un lujo tecnológico, es un estándar en aeropuertos con condiciones climáticas adversas recurrentes.
La neblina en la zona de Mesa de Otay no es un fenómeno extraordinario. Tiene una explicación científica clara y ampliamente documentada por décadas de estudios meteorológicos.
La cercanía con el Océano Pacífico, la influencia de la corriente fría de California y la presencia frecuente de inversiones térmicas generan una capa marina densa que se desplaza tierra adentro durante la noche y madrugada.
A esto se suma la topografía de la región: una meseta elevada que favorece la condensación de humedad y la acumulación de nubes bajas, especialmente entre noviembre y marzo.
No es un evento sorpresivo, es un patrón estacional y por eso resulta difícil de sostener que quienes administran la terminal aérea no conozcan el problema o su frecuencia.
Cada cierre genera gastos adicionales para aerolíneas, hoteles y transporte terrestre; pero sobre todo para pasajeros que pierden conexiones, citas médicas, compromisos laborales o eventos familiares.
La falta de ILS no solo es una limitante operativa, es una decisión que traslada costos privados a miles de usuarios, año tras año sin una solución estructural.
El Grupo Aeroportuario del Pacífico administra una de las terminales con mayor crecimiento del país. Ese crecimiento exige infraestructura acorde, no explicaciones y disculpas repetidas cada invierno.
Invertir en ILS no eliminará la neblina, pero sí evitará que siga paralizando la movilidad aérea de una ciudad fronteriza clave. Lo demás ya no es clima: es omisión.
