Tiro de esquina: La verdad es que el salario no alcanza

Por: Octavio Fabela Ballinas

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, A 03 DE JULIO DE 2025.- Solo en el discurso, Baja California destaca entre las entidades con mayores ingresos laborales. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), el ingreso promedio es de 14 mil 771 pesos, una cifra que supera ampliamente el promedio nacional, que ronda los 10 mil 640 pesos.

Eso suena muy bien, pero los casi 15 mil pesos, solo los gana el 29.2 % de la población económicamente activa, el grueso de los trabajadores, el 40.1 por ciento reciben 1 salario que significa 12 mil 500 pesos, el 17 % menos de 8 mil según la ENOE.

Las cifras promedio no cuentan la historia completa. Son una media que incluye tanto a quienes ganan salarios de alto nivel como gerentes, profesionistas especializados o personas en puestos directivos como a los miles de trabajadores que apenas logran superar el salario mínimo.

Esta desigualdad salarial contrasta aún más cuando se toma en cuenta el costo de vida en la región. Tijuana y Mexicali figuran entre las ciudades más caras de México. Tener el salario alto en ciudades caras podría parecer algo lógico.

Los estudios de plataformas inmobiliarias como Propiedades.com y el Índice Nacional de Precios al Consumidor del INEGI, muestran que la renta promedio de un departamento de dos recámaras en Tijuana ronda entre los 9 mil y los 14 mil pesos mensuales, dependiendo de la zona. Es decir, el supuesto “ingreso promedio” alcanzaría apenas para cubrir la renta… si acaso.

En Tijuana todavía habría que sumar el gasto en transporte que puede representar para una familia promedio hasta el 15 por ciento de su ingreso mensual y después la canasta básica que según Profeco ronda los 9 mil pesos al mes.

El crecimiento económico de la entidad, sustentado en buena parte por la industria maquiladora y el comercio, no se ha traducido en una mejora significativa en la calidad de vida para la mayoría de la población trabajadora.

Por eso, hablar de un ingreso promedio de más de 15 mil pesos sin matizarlo puede convertirse en un argumento para negar la necesidad de aumentar el salario mínimo, posponer la discusión sobre la jornada laboral o minimizar el impacto que tiene el incremento en los precios de la vivienda y los alimentos.

En lugar de presumir una cifra que solo uno de tres alcanza, habría que preguntarnos: ¿Cuántas personas pueden realmente vivir con dignidad con ese ingreso? ¿Cuántas pueden rentar, alimentarse, trasladarse y cuidar a su familia sin endeudarse ni sacrificar su salud?

La estadística debe servir para diseñar políticas públicas, no para maquillar la realidad. Porque detrás del promedio, hay miles de bajacalifornianos que trabajan jornadas largas y cobran sueldos cortos. Y mientras eso no cambie, el promedio es solo un discurso, hueco y falso.