Tiro de Esquina: Mario Delgado y la crisis educativa

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA

Mario Delgado, secretario de Educación, salió a justificar repartiendo culpas: que si la OCDE, que si el modelo neoliberal, que si las empresas usan la escuela como guardería. El problema es que olvidó un detalle: su movimiento lleva años controlando la educación pública.

Morena ya no puede hablar como oposición. Ya gobierna. Y gobierna desde hace casi ocho años. Si las escuelas están atrapadas entre burocracia, bajo aprendizaje y desgaste docente, buena parte de la responsabilidad también recae en quienes hoy dirigen la SEP.

El secretario dice que los 185 o 200 días de clase son una visión “tecnocrática”. Curioso argumento cuando México arrastra una de las peores crisis educativas de su historia reciente.

Los datos no ayudan al discurso oficial. La prueba PISA 2022 mostró que casi 7 de cada 10 estudiantes mexicanos no alcanzan niveles mínimos en matemáticas. En lectura y ciencias el panorama tampoco es alentador.

Y eso ocurrió después de años de pandemia, cierres prolongados y pérdida de aprendizajes que el propio sistema no ha logrado recuperar. México fue de los países que más tiempo mantuvo cerradas las aulas por COVID.

Ahora resulta que el problema no es que los niños aprendan poco, sino que van demasiados días a clases. El razonamiento parece invertido.

Puso de ejemplo a Francia y Bélgica, países con menos de 170 días escolares. Pero omitió decir que allá hay infraestructura, alimentación escolar, conectividad y formación docente de primer nivel.

No es lo mismo reducir días en sistemas educativos sólidos que hacerlo en uno donde miles de escuelas no tienen agua, baños funcionales o electricidad.

También tiene razón en algo: después de junio muchas escuelas entran en una dinámica administrativa agotadora. Pero eso no es culpa de la OCDE, sino consecuencia de un sistema educativo mexicano ahogado en papeleo desde hace décadas.

Y aquí aparece la contradicción más grande. Morena prometió transformar la educación. Canceló la reforma educativa de Peña Nieto, eliminó evaluaciones y prometió dignificar al magisterio. Pero los maestros siguen atrapados entre plataformas, formatos y carga administrativa.

El secretario también habló de salud mental y descanso docente. Nadie discute eso. Los maestros necesitan condiciones dignas. El problema es usar ese argumento para disfrazar una incapacidad institucional de mejorar la calidad educativa.

Porque mientras se debate si hay demasiados días de clases, millones de alumnos siguen sin aprender lo básico. Ahí están los resultados nacionales e internacionales para demostrarlo.

También es cierto que muchas familias usan la escuela como espacio de cuidado porque trabajan jornadas extensas y mal pagadas. Pero esa tampoco es culpa exclusiva del “mercado”, sino la realidad económica de un país donde el propio gobierno presume aumentos salariales que no alcanzan.

La educación pública mexicana necesita menos discursos ideológicos y más resultados. Menos culpables imaginarios y más autocrítica. Porque al final, cuando un gobierno lleva años en el poder y todo sigue siendo culpa del pasado, el problema ya no es la herencia. El problema es quién administra la casa.