Tiro de esquina. Menos homicidios, ¿más seguridad?

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA

Al cierre del primer semestre de 2026, Tijuana presenta una noticia que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar: los homicidios van a la baja.

Diversos reportes oficiales muestran reducciones importantes respecto a 2025 y colocan a este año como uno de los menos violentos de los últimos periodos recientes.

La disminución de asesinatos es relevante porque durante años ese delito fue el principal termómetro para medir la inseguridad en la ciudad.

Menos personas asesinadas significa menos enfrentamientos armados, menos ejecuciones y menos familias afectadas por la violencia extrema.

Sin embargo, el análisis no puede quedarse únicamente en esa cifra. La seguridad pública es mucho más amplia que el conteo de homicidios.

La percepción ciudadana sigue marcada por delitos que ocurren todos los días y que rara vez ocupan los encabezados.

La extorsión continúa siendo una de las mayores preocupaciones para comerciantes y pequeños empresarios.

Aunque existen reportes oficiales que hablan de reducciones en algunos indicadores, organismos empresariales y autoridades locales mantienen alertas por el impacto que este delito tiene en la actividad económica.

A ello se suma el fenómeno de las desapariciones. Colectivos de búsqueda y organizaciones civiles han insistido en que este delito mantiene una tendencia preocupante en distintas regiones del país, incluso en momentos en que los homicidios muestran descensos.

Otro factor es el tráfico de drogas. La ubicación fronteriza de Tijuana la convierte en un punto estratégico para organizaciones criminales.

Los decomisos continúan, pero también lo hacen las disputas por rutas, mercados y territorios, fenómenos que suelen reflejarse en otros delitos distintos al homicidio.

Mientras tanto, la violencia familiar sigue apareciendo entre los reportes más frecuentes que reciben las corporaciones de seguridad.

Se trata de un delito silencioso que pocas veces genera la misma atención pública que un homicidio, pero que afecta a miles de personas cada año.

También están los delitos patrimoniales. Robos a casa habitación, robo de vehículo, asaltos y fraudes mantienen una presencia constante en la vida diaria.

Para quien pierde su patrimonio, poco importa que la estadística de homicidios vaya a la baja si la sensación de vulnerabilidad permanece.

Existe además un elemento que suele olvidarse cuando se revisan las cifras: no todos los delitos se denuncian.

Especialistas han advertido que los niveles de reporte ciudadano pueden influir en las estadísticas oficiales y generar diferencias entre la realidad percibida por la población y los registros institucionales.

Por eso la pregunta correcta no es si bajaron los homicidios. La respuesta es sí. La verdadera discusión es si esa reducción se traduce en una mejora integral de la seguridad.

Y ahí la respuesta todavía parece incompleta.

Tijuana registra menos asesinatos que en años recientes y eso merece reconocerse.

Pero mientras persistan la extorsión, las desapariciones, la violencia familiar y los delitos patrimoniales, la percepción de inseguridad difícilmente cambiará.

La ciudad está mejor que antes en un indicador clave, pero todavía lejos de poder afirmar que ya es una ciudad segura.