Tiro de Esquina: Nadie está seguro en México

Por: Octavio Fabela Ballinas

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, A 06 DE NOVIEMBRE DE 2025.- Lo que pasó a la presidenta Claudia Sheinbaum hace unos días fue más que un mal momento. Un sujeto se le acercó por detrás cuando iba rumbo a un evento en la Secretaría de Educación y la manoseó sin que nadie lo detuviera a tiempo.

Lo increíble es que la presidenta de México, con todo su equipo de seguridad alrededor, quedó completamente expuesta, más allá de cuestiones de género, la situación mostró la facilidad de atentar contra alguien en todo el país.

Las imágenes dan pena ajena: un tipo abrazándola por la espalda y tocándola frente a cámaras, mientras los guardias reaccionan tarde, cualquiera pudo haberle hecho daño físico. Y estamos hablando de la persona que encabeza el Poder Ejecutivo del país.

Si la mujer más protegida de México puede ser vulnerada así, imagina lo que enfrentan miles de mexicanas todos los días. Ella misma lo dijo después: si esto se lo hacen a la presidenta, ¿qué puede esperar una joven en la calle o una trabajadora en el transporte?

Y, por si fuera poco esto ocurre a menos de una semana del asesinato del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Alberto Manzo Rodríguez. Lo mataron durante un evento público del “Festival de las Velas”, frente a decenas de personas, pese a que tenía 14 escoltas de la Guardia Nacional y dos camionetas blindadas. O sea, ni con toda la protección se libró de un ataque directo.

Los dos casos dejan claro que algo anda muy mal en los sistemas de seguridad. Si no pueden evitar que toquen a la presidenta o que asesinen a un alcalde vigilado, ¿qué esperanza tiene un ciudadano común?

Los casos son señales de un Estado que es vulnerable hasta en sus niveles más altos, y eso pega directo en la confianza pública. Datos oficiales, el 70 % de las mujeres mayores de 15 años en México han sufrido algún tipo de agresión.

No es poca cosa, la realidad exhibe a país donde la violencia y la falta de respeto hacia las mujeres siguen siendo el pan de cada día. Lo de Sheinbaum no es un caso aislado, es un reflejo más del problema.

Y ahí viene lo más delicado: Sheinbaum se ha caracterizado por estar cerca de la gente, caminar sin barreras, tomarse fotos y saludar. Pero esa cercanía, aunque empática, también abre espacios de riesgo. La seguridad de un mandatario no puede improvisarse ni dejarse al instinto de sus escoltas.

En resumen, lo que pasó con la presidenta y lo que pasó en Michoacán son dos caras de la misma moneda: el país tiene un serio problema para proteger a sus autoridades, y por ende, a su gente.

La seguridad no puede seguir tratándose como un trámite, porque cuando la cabeza del gobierno se vuelve vulnerable, todos lo somos un poco más.