Tiro de Esquina: ¿Por qué confiar en las consultas de Morena?
Por: Octavio Fabela Ballinas
TIJUANA, BAJA CAALIFORNIA, A 07 DE AGOSTO DE 2025.- La consulta sobre la reforma electoral anunciada por Morena se presenta como un ejercicio democrático, pero en realidad genera más dudas que certezas. El historial de este partido en materia de “participación ciudadana” está marcado por simulaciones que sólo buscan legitimar decisiones ya tomadas desde el poder.
Ahí está la consulta para cancelar el aeropuerto de Texcoco, donde votaron apenas poco más de un millón de personas y donde el resultado se supo desde antes: se iba a cancelar. La falta de rigor, supervisión y pluralidad convirtió ese proceso en una puesta en escena que costó al país más de 100 mil millones de pesos.
Luego vino la consulta sobre el Tren Maya, con una participación aún más reducida y sin mecanismos claros de información para las comunidades indígenas afectadas. El discurso oficial hablaba de “consulta previa”, pero lo cierto es que la obra ya había comenzado antes de preguntar.
Y recientemente, la joya de la corona: la consulta sobre la reforma al Poder Judicial, que más que escuchar, buscó adoctrinar. Morena organizó foros que parecían mítines y usó como argumento central el “sentir del pueblo”, cuando en realidad se trató de imponer una narrativa disfrazada de diálogo.
Para colmo, las siete personas nombradas para elaborar la propuesta de reforma electoral tienen trayectorias poco claras. Ninguna garantiza independencia, experiencia técnica ni legitimidad ciudadana. En vez de perfiles plurales, se eligió a figuras alineadas con el oficialismo.
En ese contexto, ¿por qué confiar ahora en que la consulta sobre la reforma electoral será distinta? ¿Por qué creer que escucharán, si las reglas, los tiempos y los formatos los dicta el mismo gobierno que promueve el cambio? La respuesta es incómoda, pero evidente.
Si Morena como gobierno quiere credibilidad, debe construir procesos de consulta reales: con reglas claras, árbitros imparciales y participación ciudadana efectiva. De lo contrario, no son consultas, son ceremonias de aprobación automática. Y eso, en democracia, debería preocuparnos a todos.
