Tiro de esquina: ¡Qué fácil es invadir en Tijuana!

Por: Octavio Fabela Ballinas

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, A 31 DE JULIO DE 2025.- La ciudad ha crecido a ritmo acelerado, pero desordenado. Desde sus orígenes, las invasiones de terrenos han sido una constante ante la falta de oferta de vivienda digna. Según el Plan Municipal de Desarrollo, más del 60% del crecimiento urbano de la ciudad ha sido informal.

En los años ochenta y noventa, zonas como El Pípila, La Morita y El Niño se poblaron sin planeación alguna, muchas veces con la complacencia o inacción de las autoridades. El fenómeno se justificaba por necesidad. Sin embargo, se ha vuelto también una práctica tolerada e incluso aprovechada con fines políticos.

Con el paso del tiempo, la invasión dejó de ser sinónimo de marginación. Hoy se presentan casas irregulares en espacios con potencial urbano, vialidades inconclusas, camellones o predios públicos. En muchos casos, los invasores ya tienen vivienda y buscan obtener otro terreno “a la buena”.

El caso más reciente ocurre en la calle Nicolás Bravo de la colonia Mariano Matamoros. Vecinas denunciaron que una obra inconclusa permitió la ocupación de un carril no construido y una zona verde, donde se instalaron viviendas improvisadas. Lo preocupante es que la autoridad ya fue notificada, pero no ha actuado.

Las residentes vecinas señalan que se trata de terrenos destinados al uso público y que fueron gestionados por la comunidad para área verde y tránsito seguro. Hoy esos espacios son foco de inseguridad. La invasión se consolida cada día con más estructuras improvisadas.

A inicios de 2024, la Dirección de Administración Urbana identificó al menos 250 asentamientos irregulares activos en la ciudad. Muchos están en zonas de riesgo, sin servicios ni drenaje, pero las regularizaciones siguen ocurriendo con criterios poco claros.

La facilidad con que se invade en Tijuana responde a una combinación del desinterés gubernamental, falta de fiscalización y una creciente cultura de impunidad. Cuando la autoridad omite actuar, manda el mensaje de que invadir es más rentable que comprar o rentar legalmente.

Si no se contiene esta tendencia, el tejido urbano de Tijuana se seguirá fragmentando, con afectaciones en movilidad, servicios y convivencia. Las invasiones ya no son un tema de pobreza, sino de permisividad institucional. La calle Nicolás Bravo es solo un nuevo ejemplo de lo mal que estamos.