Tiro de esquina. ¿Qué le está dejando el Mundial a Tijuana?

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA

La estancia de la selección de Irán y los festejos por los triunfos de México han puesto a Tijuana bajo los reflectores.

La ciudad ha recibido atención internacional y eso alimenta la percepción de que el Mundial ya está dejando beneficios importantes.

Pero conviene revisar los números antes de hablar de una bonanza. La emoción de un evento deportivo suele generar una sensación de prosperidad que no siempre se refleja en los indicadores económicos.

Un dato llama la atención. La ocupación hotelera en Tijuana ronda el 60 por ciento.

Es una cifra positiva, pero está lejos de los niveles que se esperarían si existiera una llegada masiva de visitantes motivados por el Mundial.

Eso no significa que no exista derrama. Restaurantes, bares, comercios y algunos servicios turísticos han reportado más actividad durante los días de partido y en los periodos en que las selecciones permanecen en la región.

El problema es que ese beneficio suele concentrarse en determinados sectores y durante lapsos muy cortos.

Un partido dura 90 minutos; una concentración deportiva apenas unos días. La economía necesita algo más que eso.
Tijuana sigue dependiendo de actividades mucho más robustas.

La industria de exportación, el comercio fronterizo y el turismo médico continúan siendo los principales motores económicos de la ciudad.

De hecho, el turismo de salud atrae millones de visitantes cada año a Baja California. Comparado con ese flujo permanente, el movimiento generado por el Mundial todavía luce limitado y difícil de medir con precisión.

Donde sí existe una oportunidad clara es en la promoción de la ciudad. Millones de personas han visto imágenes de Tijuana asociadas a un evento global que concentra la atención del planeta.

La verdadera ganancia podría llegar después. Si esa exposición atrae turistas, inversiones o nuevos eventos internacionales, entonces el Mundial habrá dejado algo más valioso que ventas de ocasión.

Por ahora, la ciudad disfruta el ambiente futbolero. Hay consumo, hay movimiento y hay entusiasmo.

Pero los datos sugieren que todavía estamos frente a una derrama temporal más que ante una transformación económica.

Cuando termine el torneo y desaparezcan los reflectores, será momento de evaluar resultados.

Ahí sabremos si el Mundial fue una fiesta pasajera o una oportunidad que Tijuana supo convertir en desarrollo.