Tiro de Esquina: Reducción Imperceptible

Las cifras oficiales dicen que Tijuana está viviendo una baja en los homicidios.

Por: Octavio Fabela Ballinas

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, A 12 DE JUNIO DE 2025.- Las cifras oficiales dicen que Tijuana está viviendo una baja en los homicidios. Hasta el 11 de junio, iban 594 personas asesinadas, mientras que en el mismo periodo del año pasado eran 942. Suena como un avance importante: casi un 30 por ciento menos.

Sí uno sale a la calle, habla con vecinos y revisar las redes sociales o simplemente enciende la radio, la sensación es otra. La mayoría de las personas sigue diciendo lo mismo: “Aquí no se siente más seguro”.

Aunque haya menos asesinatos en total y los que sí ocurren están pasando en lugares muy visibles, muy cotidianos. Paradas de camiones, tiendas de barrio, escuelas, avenidas transitadas. La violencia ya no está escondida en la periferia o en zonas de la llamada zona Este.

Ahora los hechos violentos pueden suceder en cualquier lugar, lo mismo en la Zona del Río que en la avenida Revolución, en Terrazas del Valle o en Valle de las Palmas, Por eso, por más que digan que “las cifras mejoraron”, el discurso no alcanza para generar confianza.

Lo que da miedo no es solo el número, sino que cualquier día puede tocarle a uno, o a alguien cercano. La violencia ya no se ve como algo lejano, sino como algo que puede pasar justo donde vives, trabajas o estudias.

Hay otro factor: la costumbre. En Tijuana, lamentablemente, hemos normalizado cosas que no deberían ser normales. Las balaceras en la madrugada, los cuerpos abandonados en vehículos, las cintas amarillas que bloquean calles, soldados cuidando las calles.

Todo eso se ha vuelto tan de todos los días que ya ni sorprende. Y si a eso le sumas que nadie es detenido, o que los casos rara vez se resuelven, la sensación de impunidad hace que incluso los “avances” suenen como una mentira.

No se trata de despreciar la disminución, una reducción del 30 por ciento sí es relevante, sobre todo para quienes trabajan desde las instituciones porque es una manera de medir su trabajo, pero para los ciudadanos, la realidad es otra.

Lo que debe preocuparnos es que, a nivel ciudadano, esa baja no se traduce en tranquilidad. No es lo mismo decir “hay menos asesinatos” que decir “ya no tengo miedo”. Y esa distancia, entre la estadística y la experiencia, es la que el gobierno tiene que empezar a cerrar.

Porque al final, la seguridad no se mide solo en cifras, sino en la libertad de salir sin miedo, de caminar sin mirar atrás, de no tener que avisar cada paso a la familia por si algo pasa. Y mientras eso no cambie, cualquier reducción será, como hasta ahora, imperceptible.