Tiro de esquina. Sin coordinación, sin confianza

Por: Octavio Fabela Ballinas

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, A 19 DE JUNIO DE 2025.- La reciente detención de Pablo Edwin Huerta Nuño, mejor conocido como “El Flakito”, reveló un problema mucho más profundo que la simple captura de un presunto delincuente, expuso la fractura entre el gobierno federal y las autoridades locales en Baja California.

Lo que debería haber sido una muestra de fuerza institucional conjunta terminó evidenciando que en la lucha contra el crimen organizado no hay comunicación, y lo que es peor, no hay confianza.

“El Flakito” fue detenido por la Guardia Nacional en un operativo discreto, realizado sin previo aviso a las autoridades estatales y posteriormente trasladado a la Ciudad de México, desde allá se festejó la detención como un gran logro.

Poco tiempo después, la Fiscalía General del Estado informó que no contaba con una carpeta sólida que permitiera imputarlo por delitos del fuero común. Es decir, la justicia local no tenía cómo sostener una acusación contra un personaje señalado como uno de los principales generadores de violencia en la región. Esto no solo resulta preocupante, sino sintomático.

No se trata de un hecho aislado. La omisión de las autoridades estatales en operativos relevantes ha comenzado a ser una constante. En días recientes, otras acciones de seguridad también se han ejecutado sin que el gobierno estatal tuviera conocimiento previo.

A pesar de que las versiones oficiales lo traten de minimizar, lo cierto es que el mensaje implícito es contundente: el gobierno federal no confía en sus contrapartes locales para planear y ejecutar tareas delicadas, como la captura de objetivos prioritarios.

Lo que está en juego no es solamente el protocolo o el intercambio de información. Lo que está en riesgo es la eficacia de una estrategia de seguridad integral que exige coordinación plena entre los distintos niveles de gobierno.

Sin coordinación, queda la mesa puesta para la impunidad. Por eso vale la pena preguntarse: ¿Por qué el gobierno federal ha decidido marginar a las autoridades estatales? ¿Hay razones fundadas para temer filtraciones? ¿Existe una percepción de incapacidad? o ¿Incluso de complicidad? El silencio institucional ante estas preguntas solo refuerza las sospechas.

La falta de coordinación entre federación y estado también se ha reflejado en temas como la crisis hídrica, la atención médica, el manejo de los recursos fiscales y la operación de programas sociales. En todos los frentes, parece que cada nivel de gobierno opera en solitario, repartiéndose culpas y deslindando responsabilidades ante los problemas que afectan directamente a la ciudadanía.

El caso de “El Flakito” es solo una muestra visible de separación institucional que debilita la gobernabilidad y erosiona la confianza ciudadana. No se puede combatir el crimen con efectividad si quienes están encargados de hacerlo no se hablan entre sí. Así de fácil.