Tiro de esquina. Ver para aprender
En Tijuana hay 334 mil 761 alumnos de educación básica repartidos en mil 559 escuelas.
Con esos números, cualquier problema que afecte el aprendizaje deja de ser un asunto individual y se convierte en un tema que impacta a toda la ciudad.
Durante el Vistatón, el oftalmólogo Freddy Pérez recordó algo que parece obvio, pero pocas veces se toma en serio: un niño que no ve bien, simplemente no aprende igual.
Si no alcanza a leer el pizarrón, difícilmente podrá seguir el ritmo de la clase.
Lo preocupante es que muchas veces nadie se da cuenta. Al alumno lo señalan como distraído, flojo o poco interesado.
Cuando bajan las calificaciones, se buscan muchas explicaciones, pero casi nunca se empieza por revisar si puede ver correctamente.
El problema se agrava con el modelo educativo actual. Hoy es muy difícil que un estudiante repruebe.
Los maestros tienen pocas herramientas para detener el avance de un alumno que no domina los conocimientos básicos y, al final, termina pasando de grado con las mismas deficiencias.
Así, un niño que nunca vio bien el pizarrón puede llegar a secundaria sin comprender completamente la lectura, la escritura o las matemáticas.
El rezago no desaparece; simplemente cambia de salón cada ciclo escolar.
Lo contradictorio es que no existe una política pública que garantice revisiones visuales para todos los estudiantes de primaria.
Se habla de mejorar la educación con computadoras, tabletas o nuevos programas, pero se olvida algo tan básico como asegurarse de que el alumno pueda ver.
En Estados Unidos, el examen de la vista es un requisito para ingresar al primer grado.
No es un lujo ni un trámite más; es una forma de detectar un problema de salud antes de que se convierta en un problema de aprendizaje.
Diversos estudios relacionan el bajo rendimiento escolar provocado por problemas visuales no atendidos con una mayor probabilidad de conductas disruptivas y otros factores de riesgo durante la adolescencia.
Nadie puede afirmar que un niño con miopía terminará cometiendo un delito. Pero sí está demostrado que el fracaso escolar reduce oportunidades.
Cuando un estudiante deja de aprender, aumenta el riesgo de abandonar la escuela y de quedar expuesto a otros problemas sociales.
En Tijuana se invierten millones de pesos en patrullas, cámaras y operativos para combatir la inseguridad.
Tal vez una parte de esa estrategia debería empezar mucho antes, dentro de un salón de clases, con algo tan sencillo como revisar la vista de los niños.
Porque un niño que no ve bien difícilmente aprenderá bien.
Y cuando un problema de salud no se atiende a tiempo, puede convertirse en un problema educativo y, años después, en un problema de seguridad que termina pagando toda la sociedad.
