Esperan el Día de la Candelaria para mejorar ventas

Por: Octavio Fabela Ballinas

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA A 30 DE ENERO DE 2022.- Desde hace cuatro décadas, Luz Consuelo Naranjo e Hilaria García Sánchez montan sus puestos afuera de la catedral metropolitana en la Zona Centro: Una vende artículos religiosos y la otra tamales y para ambas, la fiesta de la Candelaria significa un día de buenas ventas.

Las dos comenzaron desde muy jóvenes a trabajar acompañando a su familia, ahora, aunque ya sus hijos han crecido continúan todos los domingos, afuera de la iglesia ofreciendo sus productos.

Aunque la tradición de vestir al Niño Dios para presentarlo al templo el 2 de febrero no está muy arraigada en esta frontera, la señora Luz Consuelo Naranjo confía en que los ropones y sillas de madera que tiene en exhibición se vendan, sobre todo ahora que las personas buscan el apoyo moral del Niño de Salud ante la pandemia de Covid-19.

Ella ha estado en ese puesto que iniciaron sus abuelos que lo heredaron a su madre que se lo legó a ella, es en la esquina de la calle Segunda y Niños Héroes, justo a un lado de la puerta de la catedral, donde hasta este día las prendas que más han solicitado los devotos son de San Judas, Santo Niño de Atocha y el Justo Juez.

Aunque el año pasado cuando estaban restringidas las actividades religiosas presenciales, no vendió ningún ropón, para la próxima semana decidió sacrificar sus utilizadas vendiendo más baratos los artículos, pues considera que, si logra reunir lo suficiente para cubrir los costos de envío desde la Ciudad de México se dará por bien servida.

A unos pasos del puesto de artículos religiosos se detiene Hilaria García Sánchez con su carrito en el que transporta dos ollas de tamales que desde hace 40 años ella misma prepara.

“Conforme van pasando los años y mi edad sí es más caro preparar tamales. En este año todo está disparado, entonces uno tiene que ir comiendo de lo mismo para que alcance y comprar lo que se necesita”, comentó la señora Hilaria quien explica que uno de sus hijos, antes de ir al trabajo le ayuda a batir la masa, el resto del trabajo lo hace ella.

Para el próximo miércoles espera cocinar tamales de mole, que junto con los de elote y rajas con queso son los preferidos de su clientela que ha disminuido bastante, ya que de las 300 piezas que vendía cada domingo ahora solo prepara la mitad, algo que también se debe a que los insumos han encarecido y espera poder mantener el precio al público todo este año.

“Cuando empecé vendía dos tamales por 25 centavos de dólar ahora es un tamal a 25 pesos, además de que, si alguien pasa pidiendo limosna, le doy. Si a alguien le faltó para completar los tamales, se los doy. Por eso llego a la casa casi sin dinero. Yo también fui pobre y me daba mucho gusto cuando me daban, por eso soy comerciante y ayudo”.