Tiro de Esquina: La factura de 2026

Por: Octavio Fabela Ballinas

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, A 11 DE DICIEMBRE DE 2025.- Se anuncia una tormenta para la economía familiar. y, como siempre, quien pagará la factura seremos los de a pie en México. El gobierno federal impulsó un paquete de aranceles que afectará cientos de productos importados.

Con tasas que van del 10% hasta el 50% y que, según la iniciativa, se aplicarán durante 2026 con el argumento de proteger la industria nacional el verdadero efecto será el incremento de costos que irremediablemente pagará el consumidor final.

La propuesta original subía gravámenes a más de 1,300 partidas arancelarias (1,371 códigos), y aunque el Congreso suavizó algunos puntos, la selección final sigue siendo amplia y abarca insumos y bienes de uso cotidiano: autopartes, textiles, plásticos, acero, y otros rubros.

Las cifras de las propias autoridades estiman ingresos adicionales por miles de millones que buscan, en parte, cerrar huecos fiscales y “proteger” empresas locales. ¿Quién paga? Los aranceles no los soportan las fábricas, ni el gobierno: los pagan los consumidores. Cuando un insumo sube de precio, el aumento se transmite en la cadena productiva hasta llegar al consumidor final en forma de precios más altos.

Estudios y la experiencia muestran que los incrementos arancelarios suelen traducirse en inflación en bienes fundamentales: alimentos procesados, piezas para electrodomésticos, ropa, y materiales para la construcción, por mencionar algunos.

Con tasas que en algunos casos rondan el 30% o más, el riesgo es que parte de la inflación de 2026 sea importada por decisión deliberada.
Aquí entra el doble discurso: por un lado, el discurso oficial predica apoyo al “poder adquisitivo” y a la economía familiar; por otro, la política arancelaria evidencia un giro proteccionista que encarece insumos y productos básicos.

Es un patrón repetido: anuncios populistas que buscan apoyo político a corto plazo, mientras las medidas económicas aumentan costos para la mayoría. Esa contradicción no es casual; es parte de la ingeniería política donde se privilegia la narrativa sobre la realidad económica.

¿Qué podemos esperar en la práctica? En lo inmediato, presión al alza en precios de bienes ensamblados con piezas importadas y en productos finales que dependen de materias primas gravadas. A mediano plazo, riesgo de que empresas trasladen costos a salarios o reduzcan inversión si el costo de producir sube. Además, la medida puede generar tensiones con socios comerciales y afectar cadenas de valor integradas regionalmente.

La solución no es fácil ni rápida, pero sí clara: transparencia en los listados, evaluaciones de impacto por producto ¿cuánto sube el precio final?, plazos claramente acotados y, sobre todo, políticas complementarias que mejoren competitividad interna sin castigar al consumidor.

Si la meta es proteger empleo y producción, debe demostrarse con datos, no con consignas. Mientras tanto, la ciudadanía debe prepararse: 2026 podría traer una subida de precios más marcada de la que muchos esperan, y lo preocupante es que la política que lo provoca viene envuelta en palabras que prometen justo lo contrario.